El estado depresivo y los problemas que éste genera son una de las quejas más frecuentes tanto en la población general como en la consulta.

De hecho, alrededor de un 20% de las personas experimentamos una depresión importante a lo largo de nuestra vida, y si tenemos en cuenta formas de depresión más leves, ese porcentaje aumenta considerablemente.

Coloquialmente, cuando hablamos de depresión, nos referimos a un estado de tristeza e infelicidad, en un sentido clínico, hablaremos de un conjunto de signos y síntomas mantenidos en el tiempo constitutivos de un síndrome.

Parece sencillo, y así lo hacen numerosos estudios, relacionar la experiencia de acontecimientos negativos, con la depresión (relaciones rotas, divorcios, fallecimientos, pérdida de empleo etc.). De todos modos, el efecto de dichos acontecimientos se puede ver atenuado por factores como el apoyo social o las propias características personales, dando lugar a un estado normal de tristeza , distinto en cualquier caso de un episodio depresivo. No obstante, no siempre es fácil distinguir entre ambas reacciones, del mismo modo que no lo es determinar si un hecho es causa o consecuencia de la depresión.

Sin embargo, también es cierto que muchas depresiones pueden no tener una conexión nítida con acontecimientos vitales negativos, es más, puede que la depresión suceda sin la presencia de factores ambientales desencadenantes.

Es por todo esto, que al abordar la depresión hay que hacerlo desde una perspectiva amplia y cuidadosa, atendiendo tanto a la sintomatología como a los posibles factores causales y de mantenimiento, así como a otros problemas que refiera la persona.