La función básica de cada persona es la existencia, y esta depende a su vez, de otras dos funciones básicas: Una es la promoción; el desarrollo de la vida, crecimiento personal y potencialidad intrínseca. Para esto es necesario abrirse al entorno.

La otra es la preservación de la vida; la conservación y la protección, el desarrollo de la individualidad. Para esto necesitamos cerrarnos al entorno.

Nos abrimos a un entorno positivo y nos cerramos a un entorno toxico. Estas dos funciones han de estar equilibradas. El como el individuo lleva a cabo estos dos movimientos de regulación es lo que llamamos personalidad y realizarla de una manera flexible y adaptativa es el objetivo del proceso terapéutico. Cuando esta regulación no se produce de una manera sana, pueden surgir problemas médicos y psicológicos, pero incluso en personas muy adaptadas, el proceso terapéutico de desarrollo personal aumenta el autoconocimiento y con él el repertorio de estrategias y conductas con el que desenvolverse en un entorno en continuo cambio. Esto nos permite ser más autónomos, adquiriendo la plena responsabilidad de nuestros actos, aumentando la libertad de acción, la autoconfianza y el autoapoyo con el fin de desarrollar nuestro potencial intrínseco.

Los problemas psicológicos son síntomas de que la persona está teniendo problemas en su adaptación al entorno, bien sea por exceso o por defecto, por lo que si conseguimos mayor flexibilidad en nuestra interacción con el medio, se reducirán estos síntomas.

Las descripciones científicas sobre lo que son los trastornos de personalidad no son en realidad otra cosa que la expresión exagerada de los tipos de personalidad en la que todos nos ubicamos, de tal manera que todos podemos ahondar en el conocimiento de nuestros rasgos más profundos ampliando así nuestra capacidad de adaptación y nuestra libertad de acción.

Desarrollo personal en Madrid